Hacer predicciones acerca de cómo será el futuro no es una tarea sencilla, y menos en un mundo tan complejo como es el de la automoción. Escritores como Asimov ya adelantaron a lo largo del siglo pasado algunas de las cosas que empiezan a materializarse hoy en día, como la idea de la conducción autónoma (si bien la de Asimov tenía una voluntad propia un tanto siniestra e inquietante… por no hablar de que su “cerebro” se alimentaba mediante un motor a combustible fósil). De hecho, no son pocos los que el siglo pasado estaban convencidos de que al entrar el año 2000 ya habría coches levitantes como los de “Blade Runner” o motores alimentados con energía nuclear.

Poco a poco han ido pasando los primeros años del siglo XXI, y si bien la evolución ha sido algo más lenta de lo que algunos esperaban, está claro que la revolución de la movilidad se encuentra a la vuelta de la esquina y viene definida por dos conceptos principales: propulsión eléctrica y desplazamiento autónomo. Los motores eléctricos son más eficientes y menos contaminantes, lo que los convierte en una alternativa perfecta para evitar la nociva polución de las grandes urbes. De hecho, es probable que la necesidad de reducir la contaminación termine por extinguir opciones como los motores diésel. Por su parte, es cierto que la conducción autónoma aún ha de perfeccionarse, pero cada vez son más las pruebas y los logros que se están llevando a cabo en el mundo entero. Empresas como Volkswagen, Ford, Volvo, Google o Apple (entre muchas otras) están apostando por la inteligencia artificial con vistas a mejorar la seguridad y la eficiencia de la conducción. 

El pasado mes de junio, todos los expertos que se reunieron en Movin’On, cumbre internacional sobre movilidad sostenible organizada por Michelin en Montreal, coincidieron en que el coche del futuro será impulsado por energía eléctrica, se moverás sin necesidad de intervención humana y se usará de forma distinta (con opciones como el alquiler o el carsharing).

Intentando reducir la huella ambiental 

El respeto por el medio ambiente se impone. La sociedad es cada vez más consciente de la vital importancia que tiene cuidar de nuestro entorno y por ello no es de extrañar que la industria automotriz tome medidas para adaptarse a los nuevos tiempos. Todas las grandes compañías cuentan con planes de desarrollo sostenible enfocados a reducir la necesidad de materias primas, aumentar el uso de elementos reciclados e implementar e uso de energía verde. 

Pero por supuesto, el mayor reto medioambiental que se enfrenta la industria automovilística (y también toda la sociedad) es el de dejar atrás los combustibles fósiles. Sin duda, lo ideal sería poder alimentar los motores de nuestros vehículos con electricidad procedente de fuentes renovables como la solar, eólica, geotérmica, hidroeléctrica, mareomotriz… 

Los coches eléctricos e híbridos son cada vez más numerosos y los esfuerzos se centran en solucionar sus dos principales problemas: la autonomía y la infraestructura de puntos de recarga. A día de hoy, las baterías de iones litio son las mejores que hay para uso personal, permitiendo una autonomía máxima de hasta 600 kilómetros en algunos modelos. Sin embargo, los esfuerzos por mejorar las baterías son contantes, y hay líneas de investigación trabajando tanto en la reacción química que produce la electricidad como en la estructura y los materiales que componen la batería. 

Neumáticos del futuro para coches del futuro 

Por supuesto, no sólo el “corazón” del coche necesita renovarse. Todos los elementos del coche cambian y evolucionan con él, incluidos los neumáticos. Michelin, empresa líder en su sector, está siempre a la vanguardia de la investigación y la innovación. En Movin’On presentaron un revolucionario prototipo de neumático inteligente, reciclable, sin aire y creado mediante impresora 3D.

De este modo, Michelin no sólo colabora con la movilidad sostenible creando un punto de encuentro para que diversos agentes puedan poner en común múltiples ideas sobre el transporte y la ecología. La empresa francesa demuestra una vez más su empeño por ofrecer un producto cada vez más revolucionario y adaptado a las necesidades de los consumidores.

El neumático de Michelin bautizado como “Vision” está elaborado con materiales reciclables y biodegradables mediante impresión 3D. su estructura sin cámara permite incluso reemplazar la banda de rodadura en caso de desgaste con tan sólo una visita al taller. Sólo es necesaria una impresora 3D capaz de realizar el dibujo en la goma… ¡y cubiertas como nuevas!

De hecho, se espera que esta nueva tecnología permita al conductor elegir el dibujo de la banda de rodadura que más se ajuste a sus necesidades en cada momento. Esto quiere decir que será posible imprimir tanto un neumático de invierno como un verano, por ejemplo.

Estas ruedas revolucionarias podrían circular por nuestras carreteras dentro de unos diez o quince años. ¿Te imaginas parando es tu taller de neumáticos de confianza para que te impriman unas cubiertas? 

Por ahora todavía habrá que esperar…